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Acerca
del título de este
escrito
En
el año 1985 una
amiga del extranjero me
obsequió dos libros
de famosos literatos norteamericanos:
“Narraciones extraordinarias”
de Edgar Allan Poe, y
“Canto a mí
mismo”, de Walt
Whitman. Veinticinco años
después, sólo
este último sobrevivió
al huracán “Joan”
(1988) y a mis incertidumbres
y andanzas turbulentas
dentro y fuera del país.
Otro libro de esa época,
hoy casi cadáver,
pero que yo guardo como
testimonio de ese naufragio
urbano, es “Insurrección
solitaria”, del
nicaragüense Carlos
Martínez Rivas.
Uno de mis poemas favoritos
en ese libro es “El
paraíso recobrado”.
Con
“Homenaje a mí
mismo”, no pretendo
plagiar a Whitman, a quien
nuestro Rubén Darío
le escribió un
soneto (1890), cuyos primeros
dos versos son: “En
su país de hierro
vive el gran viejo, /
bello como un patriarca,
sereno y santo”.
Mi propósito: Que
sean estas líneas
un regalo a mí
mismo, en ocasión
de estar a escasos días
de trascender los linderos
de los sesenta.
“Yo
soy de los que aman el
prodigio de su origen”
Estoy en permanente construcción.
Fueron los abuelos maternos
quienes estuvieron profundamente
acertados al enseñarme
a leer mucho antes que
ingresara a la escuela
primaria, ellos comenzaron
a revelarme el mundo de
la irrenunciable poesía.
No me enseñaron
a escribirla, pero ya
recitaba de pequeño
memorizados poemas. El
recuerdo me trae a la
memoria: “En un
panal de rica miel / dos
mil moscas acudieron /
que por golosas murieron
/ presas de patas en él…
Mi público eran
humildes campesinos, quienes,
después de vender
la fruta verde, subían
y hacían parada
en casa de mis abuelos.
La experiencia es inolvidable.
Desde entonces la poesía
es en mí. Vivo
inmerso en ese tesoro.
Fueron ellos, en fin,
los que me protegieron
de la potencial intemperie
moral y académica
en la que habría
sucumbido.
La
abuela, una narradora
excepcional
Antes
de llegar el primer SONY
de dos bandas, la abuela,
en la soledad del campo
o en compañía
de vecinas, narraba cuentos
y novelas que había
leído antes o que
escuchaba pegando sus
oídos al parlante.
Todos nos extasiábamos
escuchándola. Mi
imaginación de
niño volaba por
mundos extravagantes.
Asimismo, ella, sin ser
maestra y sin tener dominio
de metodologías
apropiadas, me había
enseñado a leer,
del mismo modo me facilitaba
los pocos libros que guardaba
en un viejo cofre de madera.
Este ambiente inicial
sentó las bases
para que yo apreciara
y valorara años
más tarde la riqueza
del lenguaje, la poesía,
la literatura en general.
Este homenaje a mí
mismo está presidido
por su recuerdo; a ese
patrimonio heredado que
trascendió desde
mi infancia.
Ellos parecían
decirme:
“Tu idioma es la
casa de tu alma.
Ahí viven tus padres
y tus abuelos.
En esa casa milenaria,
hogar de tus recuerdos
permanece tu palabra”.
(Fragmento del Chilam
Balan, de Kalkini)
Como estudiante. La escuela,
un santuario por descubrir
y disfrutar
Yuxtaponía el mundo
urbano a mis vivencias
del campo. La escuela
primaria la realicé
en el Colegio San José.
Dos veces escuela: como
estudiante y, años
más tarde, como
docente. Al ingresar ya
sabía leer y escribir.
Se promovía el
aprendizaje memorístico,
en las aulas: recitación
de poesías y certámenes
más amplios a nivel
de colegio. Las lecciones
de Historia eran también
memorizadas y recitadas.
Comencé a conocer
la poesía de Darío
y de otros poetas de nacionalidades
diversas. En esa etapa
merecí dos medallas,
una en tercero, la otra
en sexto.
La escuela secundaria
alimentó (en mí)
la poesía. Uno
de los mentores fue el
destacado profesor Francisco
López Urbina. Amplié
considerablemente mi capacidad
de lectura. Fui expuesto
a la experiencia poética
y literaria en general.
Hasta formamos equipo
para escenificar “El
brindis del bohemio”.
En 1967 celebramos el
primer centenario del
nacimiento del amado Rubén.
Fueron escenarios oportunos.
Incansable
lector
Leía
de todo. Por la pobreza
(hasta los últimos
años de mi secundaria
hubo luz eléctrica
en casa) lo hacía
con lámpara de
kerosín, o candelas,
o candil. Leía
todo lo que caía
en mis manos, literalmente
hablando. No tuve un guía
que me orientara de forma
ascendente gradual la
complejidad de la misma.
Para entonces la lectura
era en mí placer,
una necesidad. Por eso
jamás ha de faltar
un librero, por pequeño
que éste sea.
Años recientes
he saboreado interiormente
la posibilidad de formar
un Club de Lectura en
esta ciudad, que le ha
vuelto la espalda a las
actividades literarias.
No ha sido posible. Lo
cotidiano es prioritario.
Sobrevivir es la consigna,
como hace 156 años
en su carta el Jefe Pie
Roja de Seattle: “…Es
el final de la vida, el
comienzo de la supervivencia”.
Pero yo leía en
la supervivencia del hogar.
Tendencia firme hacia
este hábito me
incitó a escribir
mis primeros versos, los
que, por supuesto, respondían
a sujeciones de rima y
métrica; insulsos,
sin ningún valor
poético, sólo
el recuerdo de haberlo
intentado.
El
señor de las aulas.
Como docente
Al graduarme de maestro
de primaria, me estrené
a mis 21 años en
el Colegio San José.
Aún en estos días,
hombres que fueron mis
alumnos me saludan sonrientes
con aparente satisfacción:
¡profesor Obando!
Fue una verdadera escuela
para mí, ahí
valoré realmente
la profesión; la
importancia del trabajo
en equipo, el alcance
de promover las artes
y el deporte a la par
de lo académico.
Ese fue un equipo excepcional.
Yo era uno de los Benjamines.
Fue un quinquenio (1971
– 1976) de proyecciones,
grandes aprendizajes y
realizaciones. Comencé
a sentirme señor
de las aulas, pez en el
agua, abeja en la colmena.
Fui promovido a la secundaria,
al Instituto Cristóbal
Colón, todavía
frente al Parque. Mi horizonte
se amplía a través
de la lectura y la práctica
pedagógica, a tono
con lo que dice Ludwig
Witgesttein: “Los
límites de mi lenguaje
significan los límites
de mi mundo”.
Recuerdo en esos años
muchos libros, uno en
especial: “Las venas
abiertas de América
Latina”, de Eduardo
Galeano.
Inicio mis primeros pasos
en el nivel de estudios
superiores, a través
de una extensión
de la UNAN Managua. Más
exigencias académicas,
más lectura. Voy
definiendo mi pasión
por la literatura y todo
lo que tiene que ver con
el idioma como área
de trabajo. Como Gólgota
y Fénix me ha de
acompañar hasta
el presente.
La
poesía como forma
de vida. Mi primer poema
de valor
Todavía trabajaba
en el San José.
El padre capuchino Justiniano
Liebel, al frente de la
parroquia, Bluefields,
me preguntó si
no tenía temor
de publicar en la Vida
Parroquial mi poema que
había titulado
“Yo campesino”.
Corría el año
1977, recién había
caído en combate
Carlos Fonseca Amador
(1976), y la cosa se estaba
poniendo peligrosa. Le
dije que no, que lo publicara.
Este poema constituye
el punto de partida de
mi modesta y sencilla
obra. El poema dice así:
Yo campesino
Con el espeque en la mano
fui hollando los campos
para así asegurarme
el pan
del cual ahora sólo
de él
puede sobrevivir el hombre,
mas en mi trayecto sólo
encontré cadáveres,
cadáveres clandestinos,
cadáveres amontonados,
cadáveres desconocidos.
No puedo cultivar en
esos campos
no puedo sobrevivir con
ese pan
que ha sido fertilizado
con la sangre de mis propios
hermanos.
Vida Parroquial era leída
por moros y cristianos,
políticamente hablando.
No sucedió nada.
Mis dos hijas mayores,
Karla (1975) y Miriam
(1977) me llenaron de
felicidad.
Los
años ochenta, un
paréntesis con
asteriscos importantes
Experimentamos en carne
propia la vida revolucionaria
de los ochenta; dirigimos
la Cruzada Nacional de
Alfabetización,
fuimos reservistas (BON
18-19), cortamos café
en La Dalia, trabajamos
en Corn Island, ocupamos
varios cargos en educación,
fuimos dirigentes de ANDEN.
Estudiamos formalmente
la especialidad de español
en PRUEDIS (Programa Universitario
de Educación a
Distancia, UNAN Managua).
La escuela de español
se destacó, celebramos
el primer centenario de
“Azul” (1988),
hicimos varias presentaciones
literarias culturales.
Escribí mi primer
ensayo, “Lo azul
en Azul”, dirigí
la escenificación
del poema Masa, de César
Vallejo. En esta década,
el poema personal que
quizá tuvo mayor
valor fue el que titulé:
“Teoría de
la existencia actual del
hombre sobre la Tierra”.
El huracán “Joan”
golpeó mi patrimonio
bibliográfico,
todos mis libros pernoctaron
en agua. Sobrevivieron
pocos. Esta experiencia
me motivó a escribir
un ensayo de alguna extensión
sobre el huracán.
Lo titulé: “Yo
también lo viví”.
Fue el mejor entre otros.
Se extravió en
el camino.
La
licenciatura en Lingüística
en México
Al perder las elecciones,
en el 90 se presentó
la oportunidad de aprovechar
una beca para estudiar
en México, (financiado
por OXFAM-FADCANIC). No
lo dudé. La carrera
afín es Lingüística.
Viajamos seis estudiantes
(tres del sur, tres del
norte) de la región.
Los del sur estudiamos
en la Escuela Nacional
de Antropología
e Historia (ENAH), los
del norte en la Universidad
Pedagógica Nacional
(UPN).
Lo doloroso de esta experiencia
fue haber perdido a uno
del grupo, a Donald Fletes
López. Murió
en un accidente de tránsito
en marzo, 1993. Lo demás,
todo fue provechoso. No
escatimé tiempo
ni esfuerzos para leer,
visitar bibliotecas, museos,
centros culturales, comprar
algunos libros, escribir.
Visité la Calzada
de los Poetas, en el Bosque
de Chapultepec; ahí
perennes, las efigies
y biografías de
poetas famosos. Manuel
Acuña impresiona,
su muerte de jovencito
(21) atribuida a una pasión,
la de Rosario, por ello
su famoso “Nocturno
a Rosario”.
Estos estudios me ampliaron
el horizonte acerca del
papel del lenguaje en
la vida humana. Como señala
Edward Sapir:
“Todas las verdades
que hemos ido descubriendo
acerca del lenguaje
nos revelan que se trata
de la obra más
importante y más
monumental
que ha llegado a crear
el espíritu humano…”
México se constituyó
en el preámbulo
que evidenciaría
de forma sistemática
mi pasión (y compromiso)
por escribir. “Estamos
–nos recordaba un
profesor de la licenciatura-
fatalmente destinados
a hablar”. Ahora
pienso que menos de esa
cantidad estamos destinados
a leer y muchos menos
a escribir, pero la cantidad
se reduce aún más
cuando de publicar se
trata. Regresé
con algunos libros, con
una calificación
de 9.7, y con muchos borradores
de poemas que luego limé.
Aún siendo estudiante
impartí en la ENAH
el propedéutico
a dos nuevas generaciones.
En esos años (1992)
publiqué en un
diario nacional nicaragüense
dos artículos:
“En la Costa Atlántica:
La variedad lingüística,
una riqueza por defender”
y “Kupia Kumi 92”.
El regreso. La Uraccan,
12 años
Al regresar del país
azteca, pasé seis
meses sin chamba. A través
de Miguel González
y Guillermo McLean se
me abrió la oportunidad
de trabajar. Guardo conmigo
la carta enviada por la
rectora Cunningham a Francisco
Campbell (vice-rector,
agosto, 1996) orientándole
ubicarme como coordinador
del Instituto de Promoción
e Investigación
Lingüística
y Revitalización
Cultural (IPILC), Uraccan
Bluefields.
Con gran entusiasmo y
maravillado inauguré
esta nueva etapa asumiendo
el proyecto de Ayuda Popular
Noruega (APN) en la Cuenca
de Laguna de Perlas, cuyos
componentes se centraban
en lo productivo y cultural.
Todo lo maravilloso de
esa etapa fueron mis viajes
a Orinoco, dos y hasta
tres veces al mes. Este
pueblo despertaba. Y despertó
a lo grande. Gente agradable,
combativa, hacendosa.
Cususa, bami, cat-fish,
danza punta. De este programa
resulta un libro (soy
co-autor junto con Dolores
Figueroa (Lola, esposa
de Miguel González),
Denisse Lapoutre (holandesa)
e Isabel Estrada (garífuna
de pura cepa).
Título del libro:
ORINOCO
Revitalización
Cultural del Pueblo Garífuna
de la Costa Caribe Nicaragüense
1999
En esta etapa acompañamos
una investigación
diagnóstica sobre
la realidad educativa
de los pueblos indígenas
mesoamericanos. (DIREPI,
1997) Los resultados desembocarían
en lo que años
más tarde sería
el Sistema Educativo Autonómico
Regional (SEAR). Hicimos
viajes a Panamá,
Honduras y El Salvador,
con el propósito
de trabajar juntos en
Educación y Cultura.
Llegamos a conformar una
Comisión Centroamericana
en estas áreas.
Fue una rica experiencia.
Después asumo como
docente de tiempo completo
en el área Humanidades.
Mientras tanto me enriquecía
adquiriendo una visión
amplia y compromisos éticos
y académicos conmigo
mismo, con la universidad
y las comunidades.
Participé en un
primer diplomado en Pedagogía
Interculturalidad (Bilwi,
1999). Grandes conocimientos.
Participo después
en “Indígenas
2000”, (Kambla,
1999). Este año
propongo conformar la
Asociación de Sociólogos
y Sociólogas de
la RAAS. Hoy, intacta
como el primer día.
Producto del Postgrado,
iniciamos la licenciatura
en Educación Intercultural
Bilingüe. La investigación
correspondiente la realicé
en Rama Cay: “El
español como segunda
lengua en la escuela primaria
de esa comunidad”.
Nacen poemas con los aniversarios
de Uraccan: “Identidad”,
“La cuesta que cuesta”,
“Cima Letrada”,
“No has de embriagarte
en vano”. Fueron
apreciados, gustaron.
Es mi proyección
firme en la poesía.
En 1998, formamos equipo
con Ronald Brooks Saldaña
(q.e.p.d., 2001) y Eddy
Alemán Porras para
organizar el material
de la primera Antología
Poética de la Costa
Caribe de Nicaragua. Se
publica, 1998.
Años atrás,
en México había
nacido “Acoso”,
“Me permito decir”.
En el año 2000
escribo “Potros”,
el que considero mi poema
favorito. En este año
gano un concurso de poesía
y prosa, a nivel mesoamericano
promovido por CANTERA.
Doy a conocer el premio,
pero con pocas repercusiones
en esta ciudad. Abriendo
el nuevo milenio, formalizamos
la Asociación de
escritores y poetas “Anthony
Campbell Hooker”,
la cual coordino. En esos
años, promovimos
la revista “La Voz
del Educador”, tuvo
una duración de
tres años. Poco
después (2001)
iniciamos una “Revista
Literaria” de corta
duración. La primera
revista literaria fue
dedicada a la obra y memoria
del maestro y poeta Ronald
Brooks Saldaña.
Así mismo, iniciamos
la “Revista Educativa”,
que ha durado más
de 10 años, y que
se transmite por Radio
“La Costeñísima”,
los días sábados,
de 7:00 a 8:00 a.m.
En el mes de octubre del
año 2000, el entonces
coordinador del Gobierno
Regional, Alejandro Mejía
Gaitán me entrega
un reconocimiento “por
contribuir al fortalecimiento
de la Autonomía
de las regiones autónomas
del Atlántico Nicaragüense”.
Recibo un reconocimiento
en la primera graduación
del recinto Uraccan Bluefields,
(2002). (Sobrevive una
foto donde don Guillermo
McLean me hace la entrega).
Trabajé dos años
en el Horatio Hodgson
High School, la profesora
Angélica Brown,
me reconoce como “Teacher
of the Year” en
2001. Existe la placa.
Este año he finalizado
mi primera monografía
en el nivel de licenciatura,
la titulé: “Relaciones
sociolingüísticas
entre el español
y el inglés creol
de la Costa Atlántica
de Nicaragua”, la
que me acreditaría
como licenciado. En el
año 2002, bajo
la vice-rectoría
Noreen White, recinto
Uraccan, Bluefields, se
me entrega certificado
“en reconocimiento
como Profesor destacado
en las labores académicas
y culturales”.
Norman Caldera Cardenal,
Ministro de Relaciones
Exteriores, “ha
dispuesto otorgarme el
segundo premio, con atención
a los méritos literarios
de mi trabajo titulado
“El otro. La Leyenda”,
que participó en
el concurso Centenario
de Bluefields, octubre,
2003. Los trabajos premiados
fueron publicados.
“La versatilidad
étnica y cultural,
de Bluefields”,
es un artículo
de mi autoría,
publicado en el diario
LA PRENSA, el 10 de octubre
del año 2003. Es
un desplegado de una página.
Este artículo fue
motivado y promovido por
periodistas del diario.
En el año 2004,
bajo la vice-rectoría
Zarifeth Bolaños,
se me otorga el certificado
“Por impulsar la
cultura y el arte a través
de sus poesías
y pensamientos que fortalecen
a nuestra Institución
y Autonomía”.
La mayoría de mis
estudiantes fueron de
las carreras Sociología
con mención en
Autonomía y Ciencias
de la Educación
con mención en
español. Ellos
también han reconocido
mis pequeños esfuerzos:
“Mención
especial. Estudiantes
del III año de
Sociología. Lic.
Víctor Obando Sancho,
como reconocimiento a
su abnegada dedicación
para el fortalecimiento
de los estudios superiores
y valores culturales en
la Costa Caribe nicaragüense”,
noviembre, 2004. Hay otro
Certificado de reconocimiento,
firmado por el presidente
del IV año de sociología,
Guillermo Pérez,
julio 2002.
En el año 2007,
iniciamos un Post Grado
en Docencia Universitaria,
que abriría las
puertas a la maestría
del mismo nombre.
Para entonces, toda esta
nueva forma de praxis
pedagógica y vida
universitaria que trataba
de promover me habían
estigmatizado institucionalmente
desde la administración
de los años 1999-2003.
Experimentaba el ostracismo.
La administración
siguiente (Bolaños
Chow, 2004-2007; 2008…)
no vio con agrado mi papel
como docente propositivo
y crítico. Me había
granjeado el respeto y
reconocimiento de la comunidad
universitaria, docentes
y estudiantes principalmente.
Esta situación
se volvió tensa.
En julio del año
2008, se me comunica la
cancelación de
mi contrato como docente
de tiempo completo. Se
me aplicó el 45
laboral. Habían
sido 12 años. Estudiantes
de sociología de
la modalidad sabatina
promovieron una protesta
que duró un mes
y hasta pláticas
con la vice-rectora, pero
su intransigencia no permitió
mi reintegro.
Posteriormente se me suspende
la beca de la maestría;
meses después,
faltando dos encuentros
por finalizar esta maestría,
se me separa del curso
de maestría y aún
me niegan dos calificaciones
que había acreditado
cuando estudiábamos
en el recinto Nueva Guinea.
Ahí no paró
la cosa, tres de mis poemas
en honor a la universidad,
que se ostentaban en los
pasillos del recinto en
Bluefields, fueron mandados
a retirar y posteriormente
a borrar.
Desde 1997 al 2007 se
contabilizan 88 cursos
impartidos en el área
Humanidades, en las carreras
de Sociología,
Ciencias de la Educación
con mención en
español, biología
e inglés, y en
la carrera de Educación
Intercultural Bilingüe,
tanto en Bluefields como
en Pearl Lagoon. Todo
ello en la institución
que renunció a
mis esfuerzos.
Últimos
años. Perseverancia,
visión de lo útil
He continuado aferrado
a mi pasión docente.
He sido el señor
de las aulas. Pero mi
docencia va más
allá de ellas.
Ya soy un maestro jubilado,
pero jubilación
no significa confinamiento
ni retiro. Sigo transmitiendo
mi Revista Educativa radial,
que ha logrado una importante
audiencia en la región.
He publicado artículos
de interés por
la temática y el
grado de reflexión,
por medios radiales locales,
en el “Boletín
Costeño”.
En WANI, publiqué
un artículo sobre
las Competencias Interculturales.
Algunos de mis poemas
han logrado trascendencia
nacional. He preparado
material para una primera
publicación personal
titulada: “Los hijos
del Infortunio también
sueñan, cantan,
aman y luchan”.
Con todo su esplendor
de aquellos años,
muy lejos en el tiempo
ha quedado el árbol
de Castaño que
me vio nacer. En mi sexagenario
nacimiento, quiero emular
ese Castaño. Sin
la soberbia, pero sin
la humildad humillante,
he anhelado las alturas,
he aspirado la cima de
la esperanza, he tratado
de dar frescura, frutos
y sombras al peregrino
que se detiene a reflexionar
sobre las pasiones y el
quehacer del hombre. Sigo
atrincherado en estos
renglones para renovar
continuamente con Odisseo
Elitys: “Escribo
para que la muerte no
tenga la última
palabra”. Aún
quedan sueños del
porvenir, ellos rondan
mis desvelos: i) Maestría
en Literatura Hispanoamericana
y del Caribe, ii) Fundación
Lizandro Chávez
Alfaro, iii) Asociación
de maestros jubilados,
iv) Publicaciones.
He forjado en el yunque
de mi vida la gloria de
existir.
He
forjado en el yunque de
mi vida la gloria de existir.
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