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Leer
su poesía es como
entrar en barco seguro
a mar abierto y profundo
donde las brisas de sus
versos preceden los fuertes
vientos o anuncian la
dulce calma; himnos hermosos
que cantan la vida.
Su poesía es de
lectura agradable, sin
sobresaltos ni incomodidades.
Les imprime seguridad
a sus poemas tanto en
su temática como
en el estilo. Ha sabido
tejer los hilos a veces
caprichosos del lenguaje
para buscar una nueva
forma de hacer versos,
partiendo de su realidad
histórico-social
y sus propias experiencias
para penetrar los espacios
de la imaginación
creadora.
Su poesía es rica
en imágenes como
queriendo disfrazar de
manera elegante o de forma
solapada y hasta misteriosa
eso que bulle en su interior.
Lo que anida en la conciencia
poética de Suyen
sabe expresarlo sin abusar
de la forma ni del contenido,
porque muchas veces sucede
que las estructuras profundas
sujetan férreamente
las formas superficiales,
pero ella establece de
forma elegante ese puente
que satisface la lectura
ajena y la praxis personal.
A partir del certamen
literario “Fiestas
Patrias 1990”, en
el que obtuvo el primer
lugar con el poema “Deseos
de Mujer”, Suyen
ha desplegado todo un
fructuoso trabajo poético.
Ha publicado en espacios
nacionales y regionales.
En la primera Antología
poética de la Costa
Caribe nicaragüense
(1998) aparece uno de
sus poemas más
conocidos y reconocidos:
Alójate en mi vientre,
es el llamado inexorable
a la misión de
madre y un reclamo vehemente
a la negación de
la vida. Dice:
Semilla dispersa que aborda
otros barcos / te pido
insolente que abordes
el mío / porque
navego aislada por ríos
y mares / y añoro
desolada tu fruto en mi
cuerpo. Es una declaración
directa, un llamado, una
convocatoria a su naturaleza
de mujer, a la gravidez,
al don irrenunciable de
ser madre.
Otro de los poemas publicados
en la Antología
Poética del Caribe
nicaragüense es Portalira.
El portalira es el ente
trovador que transforma
y trasciende: donde corazones
desolados colocó
nuevos senderos, donde
personajes faltos de regocijos,
abundó palabras
y goces, donde política
depositó la rebelión.
Portalira promulgó
sus ideas, las implantó,
criticó la religión,
pero descubrió
el brillo de la humanidad.
La autora finaliza con
su admiración por
el Portalira-trovador
porque los hechos del
portalira anidaron y agigantaron
en ella sus palabras.
Al Margen de mis prejuicios,
(Antología Poética,
1998) es un poema en el
que concurren vida, amor
y sueños. Sueña
con el amado navegando
sus mares interiores,
como Ulises o Simbad,
en aventuras ignotas en
el paisaje enigmático
de su cuerpo. Dice así:
Y es que a la postre de
no tenerte, te sueño
/ navegante Amante / y
te observo navegando mis
mares, tratando de / descifrar
los misterios /que escupen
las profundidades de mi
amor. Y de / repente sin
querer / recoges de la
arena un caracol inquieto
y dispones / tus manos
sobre él / le susurras
los sonidos del silencio,
pero vuelves a / mi mar
porque no soportas / la
idea de dejar de navegar.
Y sigue diciendo: Sobre
mí, te sorprende
la deseada tempestad,
que / ataca tu balsa y
la sumerge / en las aguas
turbulentas de mi cuerpo
que cubren / el tuyo inmóvil…
En la publicación
nacional Plumas en Vuelo
(2002), Suyen ganó
un espacio y le fueron
publicados cinco hermosos
poemas: Alójate
en mi Vientre, Natural,
Tu nombre y el mío,
Enigma, Luna y su canción
de cuna.
En este último
poema, la autora reinvindica
la vida de una prostituta,
porque la redime y hace
posible esa redención
como en Resurrección,
de León Tolstoi.
Así inicia: Se
persigna una prostituta
/ reza por el demonio
/ que encontró
en la noche /; él
encontró la mujer
de sus sueños,
/ un cuento perfecto,
/ luz en su oscuridad,
/ la línea disuelta
en su lienzo… Así
finaliza: Luna escoge
una canción de
cuna, / le canta a la
vida y a los que les tocó
vivirla /; Luna reposa
un Sol en sus brazos,
/ el Sol llora para no
apartarse de su lado /;
luna le canta otra canción
de cuna, / siente que
se había marchado
/ el pecado de su alma.
En Natural, Suyen describe
escenarios naturales productos
de su imaginación
creadora, en los que entrelaza
lo enigmático de
la naturaleza con la ternura
humana. Selecciona palabras
como: campo colectivo,
hojas, cascada de serpientes,
bosque, silbido, pájara,
naturaleza sorprendida,
río cristalino,
luciérnagas aventureras,
grama, camino, todas ellas
estéticamente bordadas
en versos.
La última estrofa
del poema Natural dice:
Me topé en el camino
con el llanto de un niño
/ pregunté sin
pensarlo para calmarle
los gritos / el niño
suspendió por un
rato sus ruidos / y me
dijo que un hombre de
mirada atrevida / le tomó
por sorpresa su mirada
perdida, / acarició
sus hombros inspirando
confianza / y le robó
una hoja que le regaló
el viento/; me dijo también
que ese sueño de
mundo / era sólo
un ensayo de un supuesto
futuro / o quizás,
el recuerdo de un pasado
extinguido.
Se puede intuir un halo
autobiográfico
en la poesía de
Suyen estableciendo un
antes y un después
de haber llegado el amor
a su vida. Cada era tiene
sus propios impulsos,
sus propios derroteros:
instinto y razón,
abismo y cima, decaimientos
y fortalezas. Sin embargo,
el bendito diálogo
logra establecer puentes:
Logró el diálogo
calmar mis instintos,
/ virtual reflejo de mis
gritos siniestros; / tu
calma sentó en
mis ligeras palabras /
el Dios del amor y la
compasión de tus
gestos. (De Tu nombre
y el mío en Plumas
en Vuelo, 2002)
Lo femenino en Suyen bellamente
acabado es capaz también
de admirar lo masculino.
En el poema Enigma (Plumas
en Vuelo, 2002), la poeta
le canta a él,
y dice: Para verte me
bastan / tus nuevos ojos
sabios, / que amamanto
con mis pechos / y mis
dedos mojados, /para amarte
como nunca te amé
antes / me sobran mañanas
cálidas, / tardes
con juegos de pequeños
/ y noches con cantos
somnolientos. Y sigue:
Yo no te amaba, / hasta
conocerte entre mis brazos,
/ escuchando tu llanto
de hambre / abrigando
tu cuerpo que arde y /
dándole a tus sueños
/ mis alas que cada día
parten.
Todo
en Suyen es atractivo:
su figura, sus poemas,
su feminidad. En el año
2002 en un suplemento
literario regional apareció
el siguiente poema, que
es una clara declaración
de admiración hacia
ella.
El poema titulado La chinita
Suyen dice: La chinita
Suyen / es un poema escrito
con suavidad de pétalos
/ una dulce sonrisa inmarcesible/.
La chinita Suyen / tiene
rasgos orientales del
Sol Naciente / y trazos
milenarios de la Muralla
China. / Tiene encantos
de princesa/. Yo la he
visto sonreír /
con toda delicadeza, /
sus blancas manos / a
las cuales sólo
les falta ‘tender
el índice’/.
Tan fina como una joya
humana / como una ruta
sideral / (con la cual
vale la pena soñar)/;
su faz enigmática
/ el azabache cristal
de sus ojos / toda ella
tiene reminiscencias de
mariposa oriental/. La
chinita Suyen / es una
lírica canción
que se antoja cantar /
una mañana de trinos
y brisa fresca / o una
tarde de poniente con
hojas caídas en
el suelo/. La chinita
Suyen es un dardo de amor
ennoblecido.
Podríamos confiar
que la poesía de
Suyen seguirá creciendo
como germina y después
en espiga todo aquello
que ha sido bien sembrado
y abonado. La poesía
femenina de la Costa Caribe
de Nicaragua estará
entonces a buen resguardo
en la pluma prolija de
Suyen.
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