Yahaira Suyen Bolaños Chow,
Valor de la poesía femenina de la Costa Caribe
 
  La poetisa costeña Yahaira Suyen Bolaños Chow (Bluefields, 1974) expresa en su obra todo aquello que le identifica como mujer: su feminidad, su instinto maternal, su origen y personalidad. El profesor y poeta Víctor Obando Sancho le considera guardiana de la poesía femenina de la Costa Caribe.

 

 

Leer su poesía es como entrar en barco seguro a mar abierto y profundo donde las brisas de sus versos preceden los fuertes vientos o anuncian la dulce calma; himnos hermosos que cantan la vida.

Su poesía es de lectura agradable, sin sobresaltos ni incomodidades. Les imprime seguridad a sus poemas tanto en su temática como en el estilo. Ha sabido tejer los hilos a veces caprichosos del lenguaje para buscar una nueva forma de hacer versos, partiendo de su realidad histórico-social y sus propias experiencias para penetrar los espacios de la imaginación creadora.

Su poesía es rica en imágenes como queriendo disfrazar de manera elegante o de forma solapada y hasta misteriosa eso que bulle en su interior.

Lo que anida en la conciencia poética de Suyen sabe expresarlo sin abusar de la forma ni del contenido, porque muchas veces sucede que las estructuras profundas sujetan férreamente las formas superficiales, pero ella establece de forma elegante ese puente que satisface la lectura ajena y la praxis personal.

A partir del certamen literario “Fiestas Patrias 1990”, en el que obtuvo el primer lugar con el poema “Deseos de Mujer”, Suyen ha desplegado todo un fructuoso trabajo poético. Ha publicado en espacios nacionales y regionales.

En la primera Antología poética de la Costa Caribe nicaragüense (1998) aparece uno de sus poemas más conocidos y reconocidos: Alójate en mi vientre, es el llamado inexorable a la misión de madre y un reclamo vehemente a la negación de la vida. Dice:
Semilla dispersa que aborda otros barcos / te pido insolente que abordes el mío / porque navego aislada por ríos y mares / y añoro desolada tu fruto en mi cuerpo. Es una declaración directa, un llamado, una convocatoria a su naturaleza de mujer, a la gravidez, al don irrenunciable de ser madre.

Otro de los poemas publicados en la Antología Poética del Caribe nicaragüense es Portalira. El portalira es el ente trovador que transforma y trasciende: donde corazones desolados colocó nuevos senderos, donde personajes faltos de regocijos, abundó palabras y goces, donde política depositó la rebelión. Portalira promulgó sus ideas, las implantó, criticó la religión, pero descubrió el brillo de la humanidad. La autora finaliza con su admiración por el Portalira-trovador porque los hechos del portalira anidaron y agigantaron en ella sus palabras.

Al Margen de mis prejuicios, (Antología Poética, 1998) es un poema en el que concurren vida, amor y sueños. Sueña con el amado navegando sus mares interiores, como Ulises o Simbad, en aventuras ignotas en el paisaje enigmático de su cuerpo. Dice así: Y es que a la postre de no tenerte, te sueño / navegante Amante / y te observo navegando mis mares, tratando de / descifrar los misterios /que escupen las profundidades de mi amor. Y de / repente sin querer / recoges de la arena un caracol inquieto y dispones / tus manos sobre él / le susurras los sonidos del silencio, pero vuelves a / mi mar porque no soportas / la idea de dejar de navegar.

Y sigue diciendo: Sobre mí, te sorprende la deseada tempestad, que / ataca tu balsa y la sumerge / en las aguas turbulentas de mi cuerpo que cubren / el tuyo inmóvil…
En la publicación nacional Plumas en Vuelo (2002), Suyen ganó un espacio y le fueron publicados cinco hermosos poemas: Alójate en mi Vientre, Natural, Tu nombre y el mío, Enigma, Luna y su canción de cuna.

En este último poema, la autora reinvindica la vida de una prostituta, porque la redime y hace posible esa redención como en Resurrección, de León Tolstoi.

Así inicia: Se persigna una prostituta / reza por el demonio / que encontró en la noche /; él encontró la mujer de sus sueños, / un cuento perfecto, / luz en su oscuridad, / la línea disuelta en su lienzo… Así finaliza: Luna escoge una canción de cuna, / le canta a la vida y a los que les tocó vivirla /; Luna reposa un Sol en sus brazos, / el Sol llora para no apartarse de su lado /; luna le canta otra canción de cuna, / siente que se había marchado / el pecado de su alma.

En Natural, Suyen describe escenarios naturales productos de su imaginación creadora, en los que entrelaza lo enigmático de la naturaleza con la ternura humana. Selecciona palabras como: campo colectivo, hojas, cascada de serpientes, bosque, silbido, pájara, naturaleza sorprendida, río cristalino, luciérnagas aventureras, grama, camino, todas ellas estéticamente bordadas en versos.

La última estrofa del poema Natural dice: Me topé en el camino con el llanto de un niño / pregunté sin pensarlo para calmarle los gritos / el niño suspendió por un rato sus ruidos / y me dijo que un hombre de mirada atrevida / le tomó por sorpresa su mirada perdida, / acarició sus hombros inspirando confianza / y le robó una hoja que le regaló el viento/; me dijo también que ese sueño de mundo / era sólo un ensayo de un supuesto futuro / o quizás, el recuerdo de un pasado extinguido.

Se puede intuir un halo autobiográfico en la poesía de Suyen estableciendo un antes y un después de haber llegado el amor a su vida. Cada era tiene sus propios impulsos, sus propios derroteros: instinto y razón, abismo y cima, decaimientos y fortalezas. Sin embargo, el bendito diálogo logra establecer puentes: Logró el diálogo calmar mis instintos, / virtual reflejo de mis gritos siniestros; / tu calma sentó en mis ligeras palabras / el Dios del amor y la compasión de tus gestos. (De Tu nombre y el mío en Plumas en Vuelo, 2002)

Lo femenino en Suyen bellamente acabado es capaz también de admirar lo masculino. En el poema Enigma (Plumas en Vuelo, 2002), la poeta le canta a él, y dice: Para verte me bastan / tus nuevos ojos sabios, / que amamanto con mis pechos / y mis dedos mojados, /para amarte como nunca te amé antes / me sobran mañanas cálidas, / tardes con juegos de pequeños / y noches con cantos somnolientos. Y sigue: Yo no te amaba, / hasta conocerte entre mis brazos, / escuchando tu llanto de hambre / abrigando tu cuerpo que arde y / dándole a tus sueños / mis alas que cada día parten.

Todo en Suyen es atractivo: su figura, sus poemas, su feminidad. En el año 2002 en un suplemento literario regional apareció el siguiente poema, que es una clara declaración de admiración hacia ella.

El poema titulado La chinita Suyen dice: La chinita Suyen / es un poema escrito con suavidad de pétalos / una dulce sonrisa inmarcesible/. La chinita Suyen / tiene rasgos orientales del Sol Naciente / y trazos milenarios de la Muralla China. / Tiene encantos de princesa/. Yo la he visto sonreír / con toda delicadeza, / sus blancas manos / a las cuales sólo les falta ‘tender el índice’/. Tan fina como una joya humana / como una ruta sideral / (con la cual vale la pena soñar)/; su faz enigmática / el azabache cristal de sus ojos / toda ella tiene reminiscencias de mariposa oriental/. La chinita Suyen / es una lírica canción que se antoja cantar / una mañana de trinos y brisa fresca / o una tarde de poniente con hojas caídas en el suelo/. La chinita Suyen es un dardo de amor ennoblecido.

Podríamos confiar que la poesía de Suyen seguirá creciendo como germina y después en espiga todo aquello que ha sido bien sembrado y abonado. La poesía femenina de la Costa Caribe de Nicaragua estará entonces a buen resguardo en la pluma prolija de Suyen.

 
 
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